Grave balance provisional de la primera jornada de racionamiento de la gasolina en Irán que entró en vigor ayer, según la agencia de noticias ISNA. Desde ahora, los iraníes tendrán derecho a cien litros de gasolina subvencionada al mes por cada vehículo privado. El resto de carburante que consuman lo tendrán que pagar más caro. Los taxistas, sector clave en un país que se mueve gracias a este servicio, tendrán ochocientos litros al mes.
Aunque resulte increíble, esto sucede en el cuarto exportador de crudo mundial. Irán, sin embargo, carece de refinerías suficientes para convertir su petróleo en gasolina, por lo que se ve obligado a importar hasta el cuarenta por ciento del combustible que consume. A lo largo de los veintiocho años de régimen islámico, las autoridades han paliado la falta de refinerías subvencionando el carburante y por ello los iraníes gozaban, y pese a la subida lo seguirán haciendo, de las tarifas más bajas del mundo. El litro subvencionado cuesta ochocientos riales (0,06 euros) y el «libre», tres mil ochocientos riales (0,30 euros).
Los medios oficiales han limitado al máximo la información, pero las imágenes de gasolineras ardiendo y de algaradas callejeras han llenado los blogs de Irán y la protesta no ha podido silenciarse. «Además de quemar y asaltar diecinueve gasolineras, otras muchas fueron apedreadas durante toda la noche en Teherán», declaró a la agencia ISNA en un breve comunicado Bijan Haj Mohammadreza, representante de la asociación de estaciones de servicio de la capital. No hubo más reacciones a los graves altercados.
Según otros medios de información, en muchos lugares se escucharon gritos de «¡Abajo con Ahmadineyad!».
Dos años al frente
El bajo precio, la falta de una red adecuada de transporte público, un parque móvil dominado por vehículos de altísimo consumo (como el coche nacional, Paykan, del que aún circulan miles de unidades) y el contrabando a países fronterizos, son algunas de las causas de que el consumo de gasolina en Irán aumentara una media del diez por ciento en los últimos años. Cada ejercicio suponía cada un duro golpe a las arcas gubernamentales, que sólo en 2006 tuvieron que destinar tres mil setecientos millones de euros a la compra y subvención de gasolina.
Desde la llegada de Ahmadineyad al poder -este mes se cumplen dos años de su elección como presidente-, Gobierno y Parlamento han estado enfrentados por la polémica de la gasolina. Los legisladores apoyaban la subida de precios y el racionamiento. El Gobierno, temeroso de la reacción social, se decantaba sólo por una subida moderada. Finalmente, se han dado ambos pasos, y los iraníes ya han mostrado su rechazo a esta medida tan impopular, que ha tenido que aprobar el que era considerado hasta el momento el Gobierno más populista del régimen.